Cuidado con las bombachitas...
¡Qué maravilla! Mamá lavó su saco de lana, lo colgó en el patio y a la media hora estaba completamente seco.
¡Cómo avanza la ciencia! Recuerdo a mamá colgando la ropa, y como ahora invierno, pues tres días y a secarlo con la plancha.
Así fue que un buen día me dejaron de tarea lavar mis bombachitas, nada menos que cuatro. ¡Uffff, qué tarea! Inmediatamente recordé los avances de la ciencia y busqué la garrafa de bencina (Limpiol, para la ropa de lana).
Vi cómo hizo mamá: lo sumergió en la bencina, le dio una refregada, lo colgó y listo. Igual, exactamente igual, hice con mis bombachitas. Miraba el reloj (no el de juguete), apostaría que a los cinco minutos ya estaban secas, pero las dejé un ratito más. Quería probar cómo sentir mi bombacha recién lavada con bencina: ¡excelente!
Me olvidé del asunto y seguí con mis juegos, mi tarea ya estaba terminada. Como a la hora, sentí un ardor en mi piel, por toda la parte que cubría la bombacha. Me había pelado toda, como si me hubiera caído insolación. Me puse a llorar. Cuando llegó mi madre, le pregunté si ella se había pelado cuando se puso el saco.
— ¿Porqué esa pregunta?
— Es que… me pelé toda mi colita y todo, todo, todo, después que me puse mi bombacha lavadita con bencina.
Mamá como siempre, puso el grito en el cielo, y con una crema, no recuerdo cual, me alivió el ardor que tenía.
La ciencia avanza, pero tendrían que decir a las niñas que la bencina no se usa para lavar bombachas.
¡¡¡Caramba, qué descuidados son los científicos!!!




El reparador de sueños dijo
Cuanta ternura abejita, cuando leo tu blog mis sueños son en vivos colores. Hasta pronto.
13 Julio 2005 | 04:31 AM