Sentimientos encontrados: Octava Bienal de Arte de Panamá

En esta octava edición los organizadores del evento se la jugaron: apostaron a un tema, abrieron el compás para artistas extranjeros y ampliaron notablemente el programa educativo. Cabe mencionar que Panamá es un país comercializado hasta el tuétano, en donde el arte y la cultura no son prioridad, más bien son asignaturas pendientes. Teniendo esto en cuenta, la Bienal de Arte es un contexto múltiple para crear sentimientos encontrados, ya sea por el “nacionalismo” o por la incapacidad de lectura de las piezas por parte de un público acostumbrado a las bellas artes tradicionales.
Curada por Magali Arriola, El dulce olor a quemado de la historia es la exhibición principal de un conjunto de tres. La muestra opera conceptualmente en dos niveles que se conectan. Por una parte, artistas familiarizados con la “zona” dialogan directamente con la historia y el presente de dicho territorio y, en otro plano, artistas internacionales –dado su desconocimiento sobre la “zona”– proponen intervenciones que, desde sus latitudes diversas, generen especulaciones acerca del significado de este tipo de transacciones geográficas.
Un chino y un burro de más de dos metros de alto le dan la bienvenida al visitante; esta escultura rinde tributo al capítulo inaugural de nuestra relación con Estados Unidos. Abner Benaim deja el video y conceptualiza este hecho levantando un monumento a los que usualmente no tienen uno.
Leer más:



