BLANCA VARELA, EL DESGARRADO CANTO DE UNA MUJER/ JUAN CARLOS LÁZARO
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Blanca Varela, el desgarrado canto de una mujerEscribe Juan Carlos Lázaro (*)
Los idus de marzo, con su oscuro manto de tragedia, nos impone la penosa tarea de la necrología. Ayer fue por la partida de un enorme y controvertido prosista como Guillermo Thorndike, hoy es por el adiós de una íntegra e inigualable poeta como Blanca Varela.
Con Blanca Varela,
como nunca antes, la voz de la mujer pasó a ocupar el primer plano del proscenio poético peruano. Ubicada literariamente en la brillante Generación del Cincuenta, fue con Jorge Eduardo Eielson, Washington Delgado y Carlos Germán Belli uno de los más ricos manantiales que renovaron la lírica peruana después de la experiencia vanguardista.
Formalmente su poesía sorprende por su gran coherencia interna, hecha más de sugerencias y silencios que de testimonios, reveladora de un temperamento seco, áspero y corrosivo, reflejo y crítica de una vida intensamente dura y difícil. En uno de sus más desgarradores poemas conversa con Simone Weil, la filósofa convertida al cristianismo que hizo dialogar a Cristo con Sócrates.
Y todo debe ser mentira
porque no estoy en el sitio de mi alma.
No me quejo de la buena manera.
La poesía me harta.
Cierro la puerta.
Orino tristemente sobre el mezquino fuego de la gracia.
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16 Octubre 2009 | 05:27 AM