Nota de nuestro amigo Jacinto Lajas: - "El día en que sentí verguenza de ser español"

El pasado sábado, 3 de octubre de 2009, mientras regresaba a casa cansado, abatido y profundamente indignado después de pasar más de 13 horas en el aeropuerto de Barajas sin ni siquiera poder haber visto -aunque fuera de lejos o a través de un cristal- a las ciudadanas venezolanas que había ido a recibir, recordaba -para incremento de mi indignación- las palabras de Zapatero en su discurso ante los miembros del COI el día anterior, respecto a la candidatura de Madrid:
Es también la candidatura de un país europeo. De un país que se siente profundamente europeo, al tiempo que mediterráneo y latinoamericano.
Resultaba irónico -por ser suave en el calificativo- que el presidente del gobierno español apelara al sentimiento latinoamericano de nuestro país mientras decenas de ciudadanos procedentes de países de Latinoamérica son diariamente “inadmitidos” para su entrada en territorio español y devueltos a su origen, muchos de ellos de manera arbitraria y caprichosa, sin justificación legal suficiente para negarles el paso por la frontera.
Este fue el caso de las dos mujeres que fui a esperar -una de ellas la madre de mi novia, la otra una amiga suya-, que invitadas por mi madre venían a visitarnos y conocer España, de vacaciones. Dos señoras con edades sobre los 60 años, cuyas familias e intereses quedaban en su lugar de origen, difícilmente confundibles con gentes que quieran entrar en España para permanecer después aquí de forma ilegal.
Dos señoras que cumplían todos los requisitos exigidos por la ley para ser admitidas en España. Y que además de contar con las indagaciones que nosotros hicimos aquí habían acudido al consulado español en Venezuela -donde, he de decirlo como me lo contaron, las atendieron de manera exquisita- para ser asesoradas sobre esos requisitos.
Nadie podía esperar pues -ni ellas ni nosotros- que a su llegada a Barajas las retuvieran como “inadmitidas” para ser devueltas a Venezuela veinticuatro horas después de su llegada. Ni mucho menos que durante su obligada estancia en la ignominiosa “sala de inadmitidos” de la T1 de Barajas recibieran por parte de los funcionarios españoles un trato tan inhumano y denigrante.
Sobre esto último escribiré con más detenimiento cuando pueda hablar largo y tendido con la madre de mi novia -anteanoche me llamó para decirme que ya estaban en Caracas, pero debían esperar hasta ayer en la tarde para coger un vuelo nacional que las acercara a su ciudad- y me pueda dar detalles más concretos de ese trato que en las conversaciones telefónicas del sábado, mientras ellas permanecían retenidas y nosotros intentábamos hallar una solución para esa injusticia, sólo acertó a describirme diciendo con tristeza que los policías estaban siendo “muy déspotas” con ellas.
Conociéndola, sé que eso puede encerrar mucho más. Y de ser así lo contaré aquí sin morderme la lengua. Como también hablaré de la nula colaboración de los funcionarios de fronteras con los ciudadanos españoles que quieren interesarse por la situación de algún pasajero retenido. La única sensación que me quedó del contacto con ellos es que se burlaron miserablemente de nosotros sin poner el más mínimo interés en aclarar nuestras dudas. Otra ofensa que añadir al repertorio.
Como dice el título de este post, el pasado sábado, tras descubrir esa inadmisible actuación policial que a diario se lleva a cabo en nuestra frontera, sentí vergüenza de ser español. No alcanzaba a comprender -ni entenderé jamás- cómo en un país democrático, en ese estado de derecho del que tanto presumimos a veces, se pueden consentir -si es que no se alientan desde el poder político- esas violaciones diarias de los derechos humanos más fundamentales.
Una cosa es controlar el flujo de inmigración para evitar la entrada de ilegales y otra muy distinta, que no tiene excusa posible, maltratar y vejar “por deporte”, antes de devolverlos a su origen sin argumentos legales consistentes, a decenas y decenas de ciudadanos de otros países que sólo vienen de vacaciones o a visitar temporalmente a sus parientes.
Es intolerable que en un país como el nuestro se devuelva a los viajeros por un sistema de “cuotas” númericas -hoy hay que devolver “x” ciudadanos de tal país- sin que el cumplir con los requisitos exigidos por ley sea garantía de entrada en España. Y lo es aún mucho más que una vez retenidos se les trate como delincuentes, con una actitud policial muy alejada de lo exigible a las fuerzas de seguridad de un estado democrático y europeo y negándoseles toda posibilidad de asistencia externa para su defensa.
Si ésta es la España democrática -y ahora progresista-, Franco debe estar partiéndose de la risa, donde quiera que esté.
http://www.stralunato.com/2009/10/06/el-dia-en-que-senti-verguenza-de-ser-espanol/



