De Bambamarca a Chota:- Todos quedamos unos segundos en silencio, sin dar crédito a lo que habíamos escuchado...
.Mario Pugliesi, poeta mexicano, fue testigo de nuestra fascinante aventura, gracias Mario por compartir
las dificultades, asombrarte, divertirte, por dejarnos y llevarte la poesía que une los corazones, sin importar credo, nivel social, ni raza. Todos somos del mismo lugar... del mundo.
Quizás muchos de los que despertamos respirando el smog de las grandes ciudades, ignoramos como es la vida en el campo. La poesía me está dando el privilegio de ir a las zonas rurales, a pueblos alejados de sus capitales, el aire puro, y el verdor en todos sus matices. Ahí aún se puede apreciar la sonrisa de los mayores, conservando el candor de la niñez.
Y esos chiquillos, de muy poca edad,
nos esperan con poesía, interpretan, saben decir en sus versos que quieren sus campos con aire puro, y sus ríos con peces y el agua cruzando laderas sin contaminarse, saben cantar en sus letras a sus abuelos, padres, hermanos y amigos.
Luego nos traen los manjares de su pueblo, los quesos deliciosos, el manjar blanco, en sus manitas el pan caliente recién salido del horno, las humitas, cuyes, el clarito (bebida)
La vida del campo es lo más hermoso que perciben los sentidos, desde el piar de los pájaros, hasta las cálidas manos de su gente.
Pedro Rojas Chacón, con los niños de AkuntaEs la segunda vez que viajo a Bambamarca – Cajamarca, y les aseguro, iré siempre que me inviten, me encanta el calor de su gente, el saludo cordial aunque no seamos sus amigos.
En esta ocasión celebrábamos el II Encuentro Internacional de Poetas “José Guillermo Vargas”, en homenaje a nuestro distinguido presidente de La Casa del Poeta Peruano.
Los artistas plásticos, autores del mural en Bambamarca, al centro, la Directora de Relaciones Públicas de Chota.
Programaron grupos de poetas de los diferentes países para ir a las escuelas rurales, en mi grupo habían argentinos, Brasileros, chilenos, mexicanos, ecuatorianos y peruanos, nos tocó ir a Chota, un pueblo hermoso, muy adelantado, sumamente limpio y grande, los habitantes tanto campesinos como los del pueblo, parecen de otra raza, la mayoría son blancos y de buena estatura. (lindos y lindas los chotanos) Chota queda a más o menos hora y media de Bambamarca, como éramos tantos, los buses contratados que iban a diferentes pueblos, quedaron completos, un grupito chico fuimos en busca de movilidad común, los lugareños de Bambamarca a Chota se movilizan con camionetas doble cabina, los pasajeros que no alcanzan sentados adelante, van atrás, sin asientos ni techo.
Poeta Siomara España, de Ecuador
Como anfitriona, acomodé a los pasajeros poetas en las cabinas delanteras, y tres tuvimos que subir atrás, entre ellos Mario Pugliesi de México, hermoso muchacho, excelente poeta, mi otro acompañante era el popular “Pedrito Rojas Chacón” el "señor fotógrafo" de la Casa del Poeta, y presidente de la filial Barranca, queda al norte de Lima, como a unos 300 kilómetros.
La mayoría de los peruanos que nos autodenominamos “criollos” alguna vez, seguro hemos viajado en la parte de atrás de un camión, y hasta con carga, tuve una experiencia similar, por eso me daba pena ver a Mario, sentado en el piso de la camioneta, en cada bache saltábamos, parecía saldríamos expulsados. Pedrito y yo íbamos sentados en una tabla que simulaba un banco. Trataba de hacerle conversación a Mario Pugliesi para que no sienta tan pesado el viaje. Cruzábamos el campo, paisajes espectaculares, mujeres trabajando al igual que el hombre, con pala en mano, removiendo la tierra, cosechando. Vimos ganado, perros cuidando ovejas, gallinas y sus pollitos, pajaritos de colores. Quebradas donde la cristalina agua alimenta el campo y calma la sed.
Foto Google.
De pronto en pleno campo, la movilidad se detiene y se acercan corriendo dos mujeres campesinas, una llevaba un bebé en brazos y la otra un niño de unos tres años, con una agilidad envidiable ambas mujeres subieron de un sólo envío, no dieron tiempo ni de ayudarlas a subir, se acomodaron al igual que Mario, en el piso de la camioneta.
Durante unos minutos observé a las dos mujeres, una muy joven, sonriente, con su criatura envuelta en una colcha. Tenía la piel cobriza por el sol, las mejillas muy marcadas, casi marrones, la otra mujer, ya mayor, en su rostro se percibía paz, sobre sus polleras sentó al niño.
Luego, me atrevo a preguntar a la más joven - ¿Qué edad tiene el bebé?
- Poquito, anoche ha nacido ya.
Todos quedamos unos segundos en silencio, sin dar crédito a lo que habíamos escuchado, nos miramos entre Mario y Pedrito.
- ¿Anoche? Y no estás adolorida? Le pregunté atónita
- Ya pasó (y sonrió)
- Cuantos años tienes?
- Veinticinco,
- Es tu primer hijito?
- Jajaja, no, es el tercero y hombres los tres.
Dirigiéndome a la otra señora, nos dijo era la madre de la muchacha, le pregunté cuantos hijos tenía
- Doce, doce hijos, siete varones y cinco mujeres.
Antes de llegar a Chota, las mujeres dieron unos toques fuertes a la camioneta, esta se detuvo, ellas bajaron con la misma velocidad que subieron. Adiós señoras les dije, la joven con su carita sonriente balbuceó un saludo.
Nos miramos los tres, Mario decía una y otra vez, es increíble... Pedrito sacando pecho dijo: así son de fuertes nuestras mujeres del campo… Yo, como mujer, no pensé en las mujeres del campo, ante todo son mujeres, sin tiempo para “engreírse” después de haber traído un nuevo ser, para ellas la vida no se detiene, como decía César Vallejo en sus versos:
Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?
!Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.
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Texto: Lily Cuadra




oiscek dijo
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26 Noviembre 2010 | 05:13 AM