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La Coctelera

Quisiera ser la miel que endulce tu amargura...

Más vale cien abejas volando, que una picando.

14 Enero 2011

César Mejía Lozano "Detrás del espejo roto"

CADELPO

Detrás del espejo roto

MENCIÓN HONROSA

Premio Mundial de Literatura «Andrés Bello»

Caracas, Venezuela y

XVIII Concurso Nacional de Educación

HORACIO – Lima, Perú

(Resumen) PRÓLOGO DEL Dr. LUIS YAÑEZ PACHECO

*  *

Bambamarca, pueblo de campesinos y comerciantes. ¿Cómo hacer para que esta realidad no turbe la mirada del poeta? Son varios los factores que contribuyeron a atenuar estos efectos. Discutimos el asunto con César Mejía y sus compañeros del colectivo Voces de Altura. Nuestro prólogo recoge las principales conclusiones a las que arribamos en esos animados coloquios.

La primera semana, en una exhibición privada, vimos juntos el filme de Jean Cocteau Orfeo. Casi de inmediato reconocimos que las voces que pueblan su hermoso poemario siempre estuvieron aguardándolo detrás del espejo roto. Así absolvimos una duda crucial: ¿Cómo hizo el poeta para escribir su libro? ¿Hacia dónde miró? ¿A quién escuchó?

Roto el espejo de la memoria, César Mejía vuelve de la nada, lleno de todo, vestido de esquirlas («En el espejo de la tarde», p. 20). Encuentra entonces la tísica memoria, los teoremas de tardes inacabables y al abuelo que camina sobre su espalda; es decir, aquello que forma parte de una historia sazonada en tristeza y agua («Detrás del espejo roto», p. 19). El aliento de los movimientos de vanguardia que motivaron a Cocteau, en una extraña simbiosis, había cristalizado en la escritura de César Mejía, un poeta afincado en la Sierra Norte del Perú.

¿Qué país nos revela el poeta en Detrás del espejo roto? Bambamarca. Ningún otro. Mejía no ha convertido su ciudad en un sitio intemporal. Le bastó su país. Lo que el poeta describe y canta no es un espacio inventado, cerrado, oculto. Su país abarca luces, sombras, caminos, riachuelos («En el espejo de la tarde», p. 20), que estuvieron ahí y ahora están frente a él. Y allí donde descansa la cristiana memoria del abuelo también están los siglos de las montañas, la anciana ventana, los sueños infantiles («Tintinean huérfanos mis pasos desgastados», p. 21).

¡Silencio…!

aún no ha caído el alba

el pedernal no ha muerto

alguien se incorpora desde sus cenizas

resucitando vientos en la cordillera.

(«Aún no ha caído el alba», p. 85)


*

Tags: bambamarca

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Soy Lily, sudamericana, me encanta escribir cuentos para niños, adultos, poemas y todo lo que me dicte mi loca cabeza.

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