LA GRAN CAVERNA DE MACCHU PICCHU, por EDWIN CEPEDA de VERACRUZ, MÉXICO
REFLEXIÓN MATUTINA.
Tetraheroica Veracruz, el viernes 24 de junio del 2011.
Rodeado de altos y majestuosos picachos cubiertos con una extensa vegetación, la ciudad sagrada de Macchu Pichu permaneció oculta a los ojos de los humanos durante cientos de años, hasta que el investigador estadounidense Hiram Bingham dio a conocer al mundo el sensacional descubrimiento de esta fabulosa y legendaria ciudad inca.
LA GRAN CAVERNA DE MACCHU PICHU.
Fotografía: copiada del diario El Comercio

Dedicado a la Abejita Coctelera.
POR: Edwin Corona y Cepeda.
Su intrincado acceso solo es comparable al famoso “camino de la Serpiente” de la Fortaleza de Masada en Israel, solo que, salvo algunos investigadores peruano y unos cuantos turistas conocen la existencia de la denominada Gran Caverna, a la cual, también se le ha adjudicado el romántico nombre de Templo de la Luna.
Acceder a este lugar resulta nada sencillo, ya que para ello se tiene que ascender al monte llamado Hauyna Picchu y el descenso no resulta nada cómodo pues hay que realizarlo a pie hasta llegar a la espelunca, misma que, pese a la denominación de Gran Caverna, presenta la escasa dimensión de 7 metros de ancho, por 12 de largo y 2.5 de altura aproximadamente. Por tanto, partiendo de la Plaza Central de Macchu Pichu, el tiempo de ascenso y descenso suele considerarse en un tiempo aproximado a dos horas para una persona de regular condición física.
Mas, lo interesante en este caso, no es visitar una caverna, y menos de tan escasas dimensiones, sino observar sus condiciones arqueológicas, ya que con lo primero que se topa el visitante es con una enorme roca de forma ovalada, tallada intencionalmente para que sirva de asiento y desde la cual se obtiene una magnífica vista de las verdes y tupidas montañas que la circundan.
El piso, de piedras indudablemente talladas, en aparente desorden, hace supones que el lugar quedó abandonado, a medio construir, aunque en su pared derecha se observan estructuras asimiladas intencionalmente en la roca. En el fondo también se advierten otras piezas talladas por la mano del hombre en la roca.
Esta yuxtaposición de elementos pétreos hace suponer que la caverna en cuestión era una Huaca, palabra inca con la que se designaba un espacio sepulcral, diseñado como un mausoleo para alojar los restos mortales de algún alto dignatario.
En opinión de los investigadores peruanos Julhino Zapata, Fernando Astete y Alfredo Mormontoy, tanto Macchu Pichu como El Cuzco, eran ciudades religiosas que contaban con numerosa “huacas” (cementerios) para el entierro del común., por lo que la Gran Caverna parece haber sido destinada a otro tipo de pompa funeraria. Así lo sugieren las enormes piedras de granito allí encontradas, cuyo peso alcanza las 4 toneladas por metro cúbico, según expresó el geológo Giler Carpio, quien también colabora en esta investigación científica.
En cuanto a la denominación de la caverna como Templo de la Luna, los investigadores la descartan y mencionan, que, como en el caso de Macchu Pichu, muchos de los nombres asignados son puro romanticismo que no tienen ningún sentido científico.
Esta teoría parece ser confirmada por las observaciones realizadas por diversos astrónomos al respecto, mismos que no han encontrado relación alguna entre la concavidad y el astro selene.
Más bien, tal denominación se la atribuyen a una astuto propietario de un hotel de El Cuzco, quien, para hacer más atractiva su oferta, mandó imprimir en su boceto publicitario esta denominación, con miras a hacerla turísticamente más atractiva.
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