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Quisiera ser la miel que endulce tu amargura...

Más vale cien abejas volando, que una picando.

29 Junio 2011

Alfonso Moreno Huart y una herencia inesperada

Reloj de oro

Alfonso Moreno Huart

Por la gracia de mis hermanos, que me lo guardaron, heredé un hermoso reloj Omega de oro que, en su momento, le fue ofrecido a mi padre por el Banco de España a quien, como todo el mundo sabe, le había dedicado sus mejores esfuerzos.

Voy caminando y siento que, a cada paso, tras el braceo normal, hay un casi imperceptible impulso hacia adelante.  Es como si mi brazo, llevado por el peso del reloj (considerable en comparación con el de los modernos, que se impulsan mediante una batería minúscula), tras cada movimiento adelante quisiera aplazar su retroceso alargando un punto su innecesario avance.  Es un golpe de inercia.  Es la carga del Omega, reloj de oro.

Me investigo.  ¿Qué tiene que ver conmigo un reloj tan lujoso que yo jamás habría comprado?.  Es el reloj de mi padre, el que atestiguó su inquebrantable solidaridad durante cincuenta años con el proyecto de El Banco de España, cómo banco emisor y garante de la estabilidad nacional, el que, por encima de gobiernos de izquierdas y derechas, contó con su inalterable posición por España.

Y me pregunto:  ¿Qué tengo yo que ver con las muchas posiciones de mi padre, a veces tan alejadas de las mías propias?  ¿Por qué llevo yo ahora tan orgullosamente, tan lejos de joyas y oropeles, este mazo de oro que tan poco me corresponde?

Tengo dos respuestas:  La hipócrita y la otra.

Aunque parezca mentira, “la hipócrita” es la más buena.  Quizá porque es la que más se lleva:  Podría invocar a mi amor filial, a mi solidaridad familiar, al orgullo de tribu, tan explícito en el concepto de “la morenez”, a mi encendido agradecimiento a mis hermanos que me guardaron tan preciada joya que, antes que a mí, les fue ofrecida.

La verdad es “la otra”.  “La otra” es la suerte.  Es aquélla por la que los genes bendijeron a mi padre, por la que recibió la educación más conveniente y por la que las circunstancias le fueron propicias.  Es la suerte que también a mí me zarandea para bien y para mal desde que mi padre nació hasta que se hizo acreedor al reloj en el Banco y hasta que me lo cedieron mis hermanos.

Aquí estoy con mi reloj de oro, orgulloso sin merecerlo, pero decidido a defenderlo para mí y mis sucesores como símbolo de lo que la suerte nos ha deparado a cambio del compromiso de guardar cuánto tenemos, lo que tan poco nos merecemos y cuánto hemos de conservar y transmitir para bien del proyecto.

Lo cual nos lleva a la pregunta “del millón” (esto “del millón” es una gilipollez, pero hemos): “¿cuál es el proyecto?”   Con la Iglesia, a quien fui tan adicto (¿te acuerdas Mariquilla?) me daba vergüenza llamarlo “Opus Dei”, aunque de eso se tratara.

Hoy todo está más claro.  No hay proyecto de Dios.  Pero tampoco del ser humano ¿hombres, mujeres?  Está tan claro que vamos “a la buena de Dios”.  O sea, a sin saber dónde.

Voy con mi reloj que me golpea el corazón a cada paso, escalando la pendiente a la cumbre inmerecida, que nos espera en la frontera de cada nuevo horizonte tras cada altura.

Le toca a cada cual su número.  Juguémoslo aunque sea haciendo trampas.  A cada cual su suerte.  Este es nuestro sino.

SONETO

De mi padre heredé su reloj de oro.
Con él voy y siento, tras cada braceo,
el golpe de inercia con que, laus deo,
se carga de vida el viejo tesoro.

¿Cómo avenir tal joya a mi decoro
a la que nunca supe dar empleo?.
¿La llevo por amor, por un deseo,
de mostrar qué es mi tribu, cual su aforo?.

La llevo porque tuve la gran suerte:
de que mi padre la mereciera antes,
y de que la cedieran mis hermanos.

La llevo con un sentimiento a muerte
de que la herencia nos hace garantes
del proyecto supuesto a los humanos.

Pero son proyectos vanos:
“a la buena de Dios” vamos sin dioses,
sin fronteras, ni horizontes. Sin poses.


Madrid, 27 de Junio de 2011

 

*

 

Tags: alf

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Soy Lily, sudamericana, me encanta escribir cuentos para niños, adultos, poemas y todo lo que me dicte mi loca cabeza.

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  • Soy Educadora Familiar, mi especialidad es psicología del adolescente, niños con problemas. Y también la nutrición infantil (si necesitas una guía, cuenta conmigo). Trataré de poner una columna sobre temas relacionados.

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